Sí, una hernia discal se puede reabsorber sola sin cirugía, pero no es cuestión de suerte ni de tumbarse en el sofá a esperar. Descubre qué es realmente una hernia, por qué puede desaparecer en las resonancias, qué factores aceleran o frenan la recuperación y qué cambios concretos en movimiento, propiocepción y fuerza necesitas para mejorar.

Aviso importante: Este artículo resume y organiza el contenido de un vídeo educativo. No sustituye la valoración de un profesional sanitario.

¿Qué es realmente una hernia discal?

Antes de hablar de reabsorción, operación o dolor, es clave aclarar de qué estamos hablando cuando te dicen que tienes hernia discal.

Hernia vs. protusión: nombre y apellidos

En muchas consultas se usan términos distintos (hernia, protusión, extrusión, etc.) como si fueran problemas totalmente diferentes. Roberto lo simplifica así:

  • «Hernia» sería el nombre.
  • «Protusión», «extrusión», etc. serían los apellidos.

Es decir, una protusión discal también es una hernia, solo que el material interno del disco (ese «gel») se ha desplazado de una forma u otra. Si quieres entender en profundidad cómo se produce una hernia discal y cómo curarla, ese artículo te lo explica paso a paso.

  • Puede salir y entrar según el movimiento.
  • Puede haberse derramado más hacia fuera.
  • Puede verse como una rotura más evidente.

Por tanto, si en tu informe pone protusión discal, no pienses que este mensaje no va contigo: sigues estando dentro del paraguas de «hernia discal».

Resonancia magnética y dolor: no siempre van de la mano

Uno de los puntos clave del vídeo es desmontar la idea de que: «Si tengo hernia en la resonancia, entonces mi dolor viene sí o sí de ahí».

La realidad que explica el autor es:

  • Hay personas con hernia discal clara en la resonancia… y cero dolor.
  • Y hay personas con mucho dolor en la espalda o la pierna… y resonancias sin hallazgos relevantes.

Esto demuestra que daño estructural no equivale automáticamente a dolor. El cuerpo y el sistema nervioso son mucho más complejos que el «sale en la imagen = por eso te duele».

Por eso también, una frase que deberías grabarte es: «Tu resonancia no eres tú. Es sólo una foto en un momento concreto.»

¿Puede una hernia discal reabsorberse sola?

Vamos a lo que más inquieta: ¿una hernia discal se puede reabsorber sola sin cirugía, infiltraciones ni medicación fuerte? La respuesta que da Roberto es clara: .

Pero es importante entender qué significa «reabsorber» para no crear falsas expectativas.

Qué NO es la reabsorción de una hernia discal

La reabsorción no es:

  • Que el trozo de disco que salió vuelva «mágicamente» a su sitio.
  • Que el disco se rejuvenezca y se convierta de nuevo en un disco «joven e indestructible».
  • Que tu columna quede «como nueva» sin que tú cambies nada en tu vida.

Con el paso del tiempo, los discos se deshidratan y eso no es necesariamente malo. Forma parte del envejecimiento natural de los tejidos. No significa que estés «destrozado».

Qué SÍ es la reabsorción de una hernia discal

Cuando el material del disco sale de donde debería estar, el cuerpo lo reconoce como algo «fuera de lugar». Igual que:

  • Cuando se te clava un cuerpo extraño en la piel y el cuerpo lo expulsa.
  • O cuando se hace un trasplante y el cuerpo puede rechazar el órgano si no cumple ciertas condiciones.

Con la hernia discal, el cuerpo:

  • Detecta que hay tejido donde no debería.
  • Activa mecanismos complejos de reparación y eliminación.
  • Con el tiempo (entre 4 meses y 1 año, según explica Roberto), en muchas personas se ha visto que la parte herniada ya no aparece en la resonancia.

Y aquí viene la clave: Lo importante no es tanto si el trozo de disco está o no está, sino que tú recuperes movilidad, vida normal y menos dolor.

Factores que influyen en la recuperación de tu hernia discal

En el vídeo se habla de varios puntos que condicionan la recuperación. Podemos agruparlos en estas claves prácticas:

1. Moverte aunque tengas dolor

Cuando aparece el dolor fuerte, lo normal es que te diga todo el mundo: «reposo, no te muevas, no hagas nada». Y tú mismo empiezas a evitar movimientos por miedo a «romperte más».

El problema es que:

  • Justo en esa fase es donde el movimiento adecuado empieza a marcar la diferencia.
  • Si no te mueves, tus músculos se debilitan y la columna pierde protección.
  • Cada dos semanas de reposo continuado puedes ir perdiendo fuerza en la musculatura de la columna, lo que te deja más expuesto.

Por eso, el mensaje es: no se trata de machacarte, pero sí de empezar a moverte, aun con algo de dolor, de forma controlada y guiada. Aquí te explicamos cómo curar una hernia discal con movimiento y fuerza.

2. El tamaño de la hernia: no te asustes si es grande

Suele ocurrir esto: Ves en el informe: «hernia grande», «extrusión», «compresión»… Y automáticamente piensas: «Esto es gravísimo, es operación sí o sí».

El enfoque de Roberto es justo el contrario: cuanto más grande es la hernia, más capacidad tiene el cuerpo de activar sus «bomberos» internos para reabsorber ese material.

Es decir, una hernia grande no significa necesariamente peor pronóstico. Lo que sí influye es cómo te mueves, cómo entrenas y cómo cuidas tu columna desde ese momento.

3. Introducir impactos progresivos para nutrir el disco

Otro punto que choca con lo que se suele escuchar es este: «Nada de saltos, nada de impactos, no corras, no hagas esto, no hagas lo otro…»

El autor explica que los discos:

  • No se «rejuvenecen» por arte de magia.
  • Pero sí se nutren con impactos bien dosificados.

Cuando introduces impactos progresivos (no desde un quinto piso, sino de manera gradual y planificada):

  • El disco recibe estímulos que ayudan a aumentar su densidad y resistencia.
  • Disminuye la probabilidad de que esa zona vuelva a «romperse» con tanta facilidad.

El objetivo a medio y largo plazo es que puedas tolerar impactos sin miedo, porque eso significa que tu columna está más fuerte y capacitada.

4. Medicar menos y con más criterio (siempre con tu médico)

Aquí el matiz es importante: Roberto no dice que dejes la medicación por tu cuenta. Lo que plantea es:

  • Ciertos medicamentos no sólo no ayudan a recuperar el disco, sino que pueden frenar el proceso.
  • La medicación, en muchos casos, es un paliativo: baja el dolor un rato, pero el «fuego» sigue ahí.
  • Cuando se pasa el efecto, vuelve el dolor igual o incluso con más intensidad, y tú sigues sin haber mejorado la causa.

Por eso, la propuesta es: Hablar con tu médico y comentarle que quieres usar la medicación el tiempo justo y necesario, y centrarte en soluciones activas (movimiento, fuerza, propiocepción) que sí cambian la estructura y el control de tu cuerpo.

5. Mejorar tu propiocepción y control motor

La propiocepción es, simplificando, tu capacidad de sentir y controlar tu cuerpo desde dentro, sin depender de la vista o de que alguien te toque y te guíe.

En hernia discal, esto se traduce en:

  • Poder activar musculatura profunda de la columna de forma específica.
  • Evitar que todo se mueva «en bloque» porque no sabes aislar segmentos.
  • Saber cuándo y cómo contraer cada músculo para proteger tu columna en cada gesto.

6. Progresar los ejercicios y no estancarte

Otro error típico es encontrar un ejercicio que te alivia un poco, hacer siempre lo mismo durante meses, y sorprenderte porque ya no mejoras.

Roberto explica que:

  • Cada 21 días aproximadamente el cuerpo se adapta a un estímulo.
  • Si no aumentas la dificultad, cambias el ángulo, la carga o la tarea: Dejas de mejorar.
  • Y tu columna no se vuelve realmente más fuerte y estable.

Por eso es tan importante una progresión planificada: no repetir eternamente el mismo ejercicio «suave», sino ir subiendo escalones de dificultad.

5 errores que frenan la recuperación de tu hernia discal

Además de lo que sí ayuda, el vídeo repasa cinco errores muy frecuentes que pueden estar saboteando tu recuperación.

1. Reposo prolongado

Días, semanas o incluso meses de reposo. Miedo constante a moverte por si «te rompes más».

Consecuencias:

  • Pierdes fuerza en la musculatura que protege la columna.
  • Tu médula y tus discos quedan menos defendidos.
  • Cada vez te cuesta más volver a la normalidad.

Mensaje clave: reposo absoluto + hernia discal = mala combinación a medio plazo.

2. Evitar movimientos por miedo

Mucha gente evita agacharse, girar, levantar algo del suelo. Piensan que «si me duele al hacer esto, es que me estoy destrozando el disco».

Pero el problema real suele ser:

  • Tu cuerpo ha estado años moviendo siempre la misma zona.
  • Otras articulaciones no participan.
  • Cuando evitas aún más los movimientos, tu columna se rigidiza.

3. No levantar peso

Otro clásico: «Con hernia discal no levantes peso».

El enfoque del vídeo es el contrario:

  • Tienes que levantar peso, pero de forma progresiva y bien planificada.
  • 1–2 kg no son trabajo de fuerza real para casi nadie.
  • Para que un músculo se adapte, necesita un estímulo superior a lo que ya tolera.

El verdadero riesgo no es el peso: es pasarte meses sin entrenar fuerza, y luego verte obligado a hacer un esfuerzo grande en la vida real con un cuerpo desentrenado y sin movilidad.

4. Buscar resonancias una y otra vez

Hacerse una resonancia puede servir para saber dónde habría que operar, si se decidiera ese camino. Pero si no quieres operarte y ya sabes que tienes hernia, entonces otra resonancia más no cambia la estrategia de recuperación.

Además, hay dos problemas:

  • Sólo te orienta al «arreglar lo roto» con cirugía.
  • Alimenta el catastrofismo: cuando te dicen «esto está fatal», se activa la llamada profecía autocumplida.

5. Confiar sólo en tratamientos pasivos

Aquí entran: Masajes, calor local, fajas, bombas diamagnéticas, infiltraciones, terapias donde tú sólo «recibes» algo.

El problema no es que sean «malas» por definición, sino que:

  • Ninguna de ellas fortalece realmente tu columna.
  • No aumentan tu movilidad activa.
  • No mejoran tu propiocepción.
  • Y no cambian la biomecánica que hizo que ese disco se rompiera.

Por eso, si se usan, deberían ser complementos, no el pilar central del tratamiento.

Qué hacer para ayudar a reabsorber tu hernia discal

Ahora sí: ¿qué pasos concretos plantea Roberto para favorecer que la hernia discal mejore sin cirugía?

1. Hacer un estudio biomecánico

El objetivo es:

  • Detectar compensaciones en tu forma de moverte.
  • Ver qué articulaciones no se mueven lo que deberían.
  • Y no limitarse sólo a la zona donde te duele.

La causa de tu hernia no fue un movimiento puntual aislado (levantar una caja un día), sino un patrón de movimiento repetido durante años.

2. Optimizar la propiocepción y la estabilidad de la columna

Con el estudio como base, el siguiente paso es:

  • Entrenar la musculatura profunda que estabiliza la columna.
  • Aprender a contraerla de forma específica, sin depender de que alguien te toque o te corrija.
  • Reducir las compensaciones para que no sea siempre el mismo disco el que «se come el marrón».

3. Ganar movilidad activa, no sólo estirar

No basta con «estirar» sin más. La idea es:

  • Que cada articulación alcance sus rangos óptimos de movimiento.
  • Pero que lo haga desde la fuerza, no desde la pasividad.

4. Entrenamiento de fuerza: la herramienta más potente

Una vez que has trabajado estabilidad y movilidad, entra en juego el entrenamiento de fuerza progresivo.

La idea no es «ponerse fuerte de gimnasio» sin más, sino fortalecer todas las estructuras del cuerpo para proteger la médula y la columna.

Como repite Roberto: «La herramienta más potente para eliminar un dolor crónico es la fuerza, fuerza y más fuerza.»

Tres ejercicios sencillos para empezar (nivel inicial y sin riesgo)

En el vídeo se muestran tres ejercicios de iniciación, pensados para personas con hernia discal que no saben por dónde empezar y tienen miedo a hacerse daño. Todos se hacen sentado en el sofá.

⚠️ Importante: no son una rutina completa, sino un punto de partida suave.

Ejercicio 1: giro de tronco en bloque

  • Siéntate al filo del sofá, con el glúteo apoyado justo en el borde.
  • Coloca las piernas a 90°, pies apoyados en el suelo.
  • Junta las manos y presiona una contra la otra con fuerza.
  • Con la espalda recta, haz un giro de tronco, apuntando la nariz hacia tus dedos (no sólo la mirada).
  • La cabeza no puede ir más rápido que el cuerpo: todo gira en bloque.
  • Mantén el abdomen bien apretado; cuando notes que el abdomen limita el giro, paras.
  • Vuelve despacio al centro, sin dejar de presionar las manos.
  • Haz 8 repeticiones hacia un lado y 8 hacia el otro, una vez al día.

Ejercicio 2: rotación interna de cadera sentado

  • De nuevo, siéntate al filo del sofá.
  • Rodillas flexionadas a 90°, pies en el suelo.
  • Separa las piernas de forma que cada una forme unos 45° respecto al centro del cuerpo.
  • Sin mover el tronco, lleva una rodilla hacia dentro, acercándola al suelo lentamente.
  • No dejes que el cuerpo se incline ni gire para acompañar la pierna.
  • Llega sólo hasta donde puedas sin compensar con el tronco.
  • Vuelve al centro y repite. Haz 8 repeticiones con una pierna y luego 8 con la otra.
  • Recuerda: más abajo no es mejor si para eso tienes que doblar el cuerpo.

Ejercicio 3: presión lateral contra el brazo del sofá

  • Siéntate en el sofá de forma que tu mano pueda apoyar en el brazo del sofá.
  • Espalda recta, hombro relajado.
  • Apoya la mano en el brazo del sofá y lleva el hombro hacia abajo, notando cómo se activa la musculatura de la zona lateral del tronco.
  • Desde ahí, intenta como «flexionar el tronco hacia ese lado», pero sin que se vea el movimiento: lo haces en isométrico, empujando con el cuerpo.
  • Debes notar trabajo en: abdomen, oblicuos, dorsal, serrato, hombro.
  • Mantén la presión 5 segundos, descansa, y haz 8 repeticiones por lado.

¿Cuándo sí es necesaria la cirugía por hernia discal?

La cirugía no es la primera opción en la gran mayoría de casos. Según explica Roberto, sólo hay dos situaciones claras en las que se recomienda operar:

Pérdida de fuerza importante

  • No puedes levantar la pierna o el brazo.
  • No eres capaz de sostenerte de pie.
  • Pierdes la capacidad de agarrar o sujetar objetos.

Incontinencia o síndrome de la cola de caballo

  • Problemas graves de control de esfínteres.
  • Síntomas muy alarmantes que te llevarían de urgencia al neurocirujano.

Además, comenta que esto ocurre en una persona de cada 700.000, aproximadamente, y que si fuera tu caso, no estarías tranquilamente viendo un vídeo en YouTube, sino buscando ayuda urgente.

La conclusión es clara: tener mucho dolor no significa automáticamente que «te tengas que operar».

Mensaje final: esperanza activa, no pasiva

Si acabas de recibir un diagnóstico de hernia discal, es normal que:

  • Tengas miedo al quirófano.
  • Sientas que tu resonancia es una especie de «sentencia».
  • Te hayan dicho que «con tu edad es lo que hay».

Pero el mensaje de este contenido es otro:

Una hernia discal se puede reabsorber sola sin cirugía.

Tu cuerpo tiene herramientas para repararse, siempre que tú no se las quites evitando todo movimiento, abusando del reposo, o quedándote sólo en soluciones pasivas.

Lo que marca la diferencia es:

  • Entender qué ha provocado la hernia (tu biomecánica, tus compensaciones).
  • Recuperar movilidad, propiocepción y estabilidad.
  • Introducir fuerza e impactos progresivos, hasta que tu columna sea mucho más resistente.

No es fácil, no es rápido, pero sí es posible. Y como repite Roberto Galván: la herramienta más potente para eliminar un dolor crónico es la fuerza, fuerza y más fuerza.