Descubre qué ejercicios no debes hacer si tienes hernia discal o dolor crónico de espalda, qué movimientos evitar y por qué algunos clásicos como natación, planchas o ciertos estiramientos pueden empeorar tus síntomas.

Aviso importante: Este artículo resume y organiza el contenido de un vídeo educativo. No sustituye la valoración de un profesional sanitario.

Antes de nada: ¿en qué fase está tu hernia discal?

Cuando hablamos de hernia de disco o protrusión discal no es lo mismo llevar unas semanas con dolor que arrastrarlo durante años. Por eso, lo primero es identificar en qué situación te encuentras:

Fase aguda: menos de 6 meses con dolor

Si llevas menos de 6 meses con dolor de espalda, estás en una fase aguda. En este momento, lo prioritario es:

  • Seguir las recomendaciones de tu médico.
  • Enfocarte en reducir el dolor y la inflamación.
  • No precipitarte con ejercicios o movimientos que no te hayan pautado.

En la fase aguda, tu objetivo no es «entrenar fuerte», sino calmar el episodio para que no se convierta en un problema más complejo.

Fase crónica: más de 6 meses con dolor

Si llevas más de 6 meses con dolor, has probado muchas terapias pasivas, sigues los consejos médicos y aun así el dolor:

  • Ya no es tan agudo como al principio,
  • pero persiste y puede ser muy intenso,

entonces estás en una fase crónica.

En este escenario es donde cobra más sentido revisar qué haces en tu día a día y qué ejercicios podrían estar empeorando tus síntomas, incluso aunque te parezcan «buenos para la espalda».

Este artículo se centra sobre todo en esta fase crónica, cuando el dolor se mantiene en el tiempo y necesitas cambiar la estrategia.

Tópicos que debes dejar de hacer si tienes dolor crónico de espalda

Hay tres cosas muy habituales que casi todo el mundo hace cuando le duele la espalda… y que, si tienes hernia discal o protrusión, pueden estar jugando en tu contra.

1. Reposo prolongado

El reposo absoluto puede darte la sensación de alivio a corto plazo: te mueves menos, fuerzas menos, parece que el dolor baja un poco.

Pero a medio y largo plazo:

  • La musculatura se debilita,
  • Pierdes capacidad de movimiento,
  • Tu espalda se vuelve más sensible a cualquier esfuerzo.

El resultado es que cada vez te ves más limitado y tu dolor se convierte en compañero de viaje permanente. Si tu dolor ya es crónico, seguir apostando solo por el reposo no te va a sacar del problema.

2. Abusar de los estiramientos

Otro clásico: dedicar mucho tiempo a estirar con la idea de «soltar la espalda» o «descomprimir la zona».

El problema es que:

  • Inviertes mucho tiempo y energía en estiramientos,
  • Pero no ves una mejoría real y duradera en tu dolor.

Eso genera frustración: ves que haces «lo que te han dicho» pero sigues igual.

Tal como se plantea en el vídeo original, los estiramientos por sí solos no están haciendo nada relevante por tu hernia discal, especialmente si no van acompañados de un trabajo más profundo sobre la movilidad real de tus vértebras y de la fuerza de la musculatura que protege tu columna.

3. Aplicar calor en la zona lumbar

Tercer error habitual: poner calor en la zona dolorida.

Es verdad que el calor puede producir un alivio momentáneo, porque:

  • Aumenta el riego sanguíneo,
  • Lleva más plaquetas y sangre a la zona,
  • Te da una sensación de relax local.

Pero, si tu dolor es crónico y llevas más de 6 meses así, tu organismo ya ha hecho su trabajo de regeneración en la zona afectada. Aumentar todavía más la inflamación con calor no significa que vaya a dolerte menos.

De hecho, puede ocurrir que:

  • Mientras tienes la fuente de calor puesta, notes cierto alivio,
  • Pero cuando el efecto pasa, el regreso del dolor sea todavía más intenso.

En contraste, el hielo sí se menciona como una opción para bajar inflamación, algo que tiene más sentido en un contexto donde la zona ya ha estado sufriendo durante tanto tiempo.

Movimientos que debes evitar con hernia discal

Más allá de hábitos generales, hay ciertos movimientos concretos que conviene evitar, sobre todo si tienes hernia discal y tu espalda lleva tiempo doliendo.

1. Flexión con rotación de tronco

La flexión con rotación de tronco —agacharte y girar a la vez— es uno de los movimientos más agresivos para una hernia de disco, especialmente en fase aguda.

Ejemplo típico:

  • Te inclinas hacia delante para coger algo del suelo,
  • A la vez giras el cuerpo para colocar ese objeto hacia un lado.

Este gesto combina:

  • Flexión de columna,
  • Rotación,
  • Carga en la zona lumbar.

En fase aguda, es prácticamente un movimiento prohibido.

En fase crónica, no es tan extremo, pero sigue sin ser una buena idea abusar de este tipo de gestos sin control, sobre todo si se repiten muchas veces al día.

2. Flexiones laterales hacia el lado contrario de la hernia

Otro error común es pensar: «Si tengo la hernia a la izquierda, me inclino hacia la derecha para no presionarla».

Suena lógico, pero el efecto puede ser el contrario:

  • Al hacer flexión lateral hacia el lado contrario,
  • Estás proyectando aún más el disco hacia el lado por donde ya se ha protruido o lesionado.

Es decir, lo que intuitivamente parece «proteger la hernia» puede estar empujando más el disco hacia la zona dañada.

Con el tiempo y trabajando bien la columna, podrás llegar a moverte en todos los ejes y planos, pero eso exige progresión, control, y saber dónde se están moviendo realmente tus articulaciones.

Ejercicios de entrenamiento que pueden ser conflictivos

Ahora pasamos a los ejercicios de entrenamiento que, aunque tienen fama de «buenos para la espalda», pueden ser muy conflictivos cuando tienes hernia discal o dolor crónico.

1. Natación (cuando no está bien planteada)

La natación suele recomendarse casi por sistema para la espalda. Pero aquí viene el matiz importante:

No es lo mismo:

  • Ser un nadador profesional o tener una técnica depurada,
  • Que simplemente «pasearte» en el agua intentando no forzar.

¿Por qué puede ser un problema?

Por la ingravidez:

En el agua, el cuerpo pesa menos. Eso puede sonar bien, pero también hace que tu musculatura trabaje menos contra la gravedad, de forma parecida a lo que ocurre con un astronauta en el espacio si pasa demasiado tiempo sin carga: la musculatura tiende a atrofiarse.

Por la inercia de la lámina de agua:

Al desplazarte, muchas veces haces fuerza al inicio del movimiento, pero luego te dejas llevar por la inercia del agua. Eso significa que no estás trabajando de forma constante la musculatura que debería proteger tu espalda, como sí ocurre en el medio terrestre.

Conclusión: si no tienes una técnica muy buena y un nivel físico alto, la natación puede no sólo no ayudarte, sino no aportar casi nada a la fuerza real que tu espalda necesita.

2. Ejercicio global de tipo «cat-camel»

El famoso ejercicio «cat-camel» (alternar flexión y extensión de la espalda a cuatro patas) es otro clásico.

Funciona bien si todas las vértebras se mueven correctamente, pero en el contexto de una hernia discal o protrusión, suele ocurrir que:

  • Tienes varias vértebras bloqueadas,
  • O con movilidad muy limitada,
  • Y otras vértebras que se mueven en exceso.

Cuando haces un ejercicio global como el cat-camel:

  • Mueves la columna «en bloque»,
  • Las vértebras que ya tienen más movilidad son las que reciben más carga,
  • Y esas suelen ser las que han dado problemas (donde ha aparecido la hernia o la protrusión).

Por eso, hacer ejercicios globales sin haber trabajado antes esos bloqueos articulares, no tiene demasiado sentido: sigues cargando siempre en la misma zona, la que ya está castigada.

3. Planchas abdominales para «fortalecer el core»

Las planchas abdominales también se recomiendan a menudo para la espalda con la idea de fortalecer el core.

Es muy probable que hayas oído que:

  • Tu dolor de espalda se debe a un core débil,
  • Y que la solución es «ponerlo fuerte».

El problema es que, si tienes hernia discal y dolor crónico, lanzarte directamente a hacer planchas puede:

  • Sobrecargar la zona lumbar,
  • Mantenerte en una posición donde la espalda tiene que soportar tensión constante,
  • Sin haber trabajado antes la movilidad y la estabilidad segmentaria que necesitas.

De nuevo, el enfoque no es que «las planchas sean malas de por sí», sino que no son el punto de partida adecuado cuando tu espalda lleva tanto tiempo doliendo y tus vértebras no se mueven de forma homogénea.

¿Y entonces qué sí puedo hacer si tengo hernia discal?

Es lógico que, después de leer todo lo que no deberías hacer, te preguntes: «Vale, ¿y qué sí puedo hacer para no hacerme más daño?»

En el contenido original se plantea algo muy importante: para explicar en detalle qué ejercicios sí hacer con hernia discal o protrusión, se necesita un material específico aparte.

Aun así, podemos extraer varias ideas clave:

1. Respetar la fase aguda y escuchar al médico

En los primeros meses de dolor:

  • Haz caso a tu médico y sus recomendaciones,
  • El objetivo principal es reducir el dolor agudo,
  • No fuerces con ejercicios que no hayan sido pautados.

2. Priorizar la movilidad segmentaria antes que los ejercicios «globales»

Si hay vértebras que no se mueven como deberían y otras que se mueven demasiado, no tiene sentido hacer ejercicios donde toda la columna se mueve en bloque (como el cat-camel) sin abordar antes esos bloqueos articulares.

La lógica es:

  • Primero, recuperar la movilidad donde está limitada,
  • Después, integrar esa movilidad en ejercicios controlados,
  • Y solo más adelante pasar a movimientos más globales.

3. Moverse en tierra y no depender solo del agua

El vídeo insiste en que lo que realmente te hace falta es moverte fuera del agua, en un entorno donde tu cuerpo tenga que soportar su peso y generar fuerza real.

La idea es que tu espalda recupere su función en el medio donde vives el día a día: de pie, caminando, cargando, moviéndote… no flotando.

4. Entender que la herramienta clave es la fuerza

«La herramienta más potente que existe para eliminar tu dolor de espalda es la fuerza. Fuerza, fuerza y más fuerza».

Esto no significa levantar cargas sin criterio, sino entender que:

  • Una espalda con músculos fuertes y activos está mejor preparada,
  • La fuerza bien trabajada es una aliada a largo plazo frente al dolor crónico.

Por eso, el enfoque general apunta hacia:

  • Dejar atrás el reposo pasivo,
  • Abandonar la idea de que «solo estirar» o «poner calor» resolverá el problema,
  • Y avanzar hacia un proceso en el que la fuerza y el movimiento controlado sean protagonistas.

Mensaje final

Tu recuperación no depende de encontrar un «truco milagroso», sino de:

  • Entender qué movimientos evitar,
  • Saber qué hábitos no te están ayudando,
  • E ir construyendo, paso a paso, una espalda más fuerte y más capaz.

Recuerda: la herramienta más potente para eliminar el dolor crónico de espalda es la fuerza, fuerza y más fuerza.